La Basílica de San Pedro

Construida sobre la humilde tumba del pescador de Galilea, la Basílica fue erigida por deseo del Emperador Constantino en torno al año 320 después de Cristo. Está situada en la Colina Vaticana, no muy lejos del Circo de Nerón, lugar donde sufrió el martirio el primer apóstol Pedro.

Plaza San Pedro en Vaticano

Precio

desde € 19,50

Duración

1 hora
2 horas visita detallada

Descripción

La Basílica de hoy, edificada sobre aquella costantiniana, es expreciòn de la voluntad de los Papas del Renacimiento que se beneficiaron de la obra de grandes artistas como Bramante, Miguel Ángel, Bernini y Maderno. A través de un recorrido de arte, fe y espiritualidad, el visitante podrá admirar la magnificencia de la construcción, recorrer las naves, visitar las capillas y detenerse sobre la belleza de las numerosas obras de arte, entre las quales la Piedad de Miguel Ángel. No se pierda la visita a las tumbas de los Papas situadas en las Cuevas Vaticanas.

Ventajas

  • Acceso garantizado con reserva
  • Visita libre de la Basílica sin límite de tiempo
  • Servicio de asistencia
  • Reciba sus entradas por correo electrónico o con nuestra aplicación
  • Muestre las entradas en su smartphone
  • Visita con guía en el idioma elegido (opcional)

Qué incluye

  • Aplicación con audioguía oficial multilingüe (aplicación para smartphone, tablet…) de la Basílica de San Pedro.
  • Idiomas disponibles: italiano, inglés, español, francés, alemán, chino.
  • Asistencia en el punto de encuentro

Qué no incluye

  • Entrada a la Cúpula
  • Entrada a la Necrópolis y al Museo del Tesoro
  • Visita guiada

 

Opción visita guiada

La visita guiada incluye el servicio de guía en lugar de la audioguía. Una guía oficial le acompañará al interior de la Basílica en el idioma previamente elegido por usted.

Información y recepción

El punto de encuentro se encuentra - mirando la Basílica - al final de la columnata de izquierda, en los postes de detectores de metales en la intersección de Via Paolo VI y Piazza del Sant'Uffizio (en anexo ver mapa y la descripción del nuevo punto de encuentro).

CON LAS NUEVAS MEDIDAS  DE SEGURIDAD: la entrada estarà garantizada cada 30 minutos (a las 00 y 30 de la hora), los visitantes deberàn llevar obligatoriamente la máscarilla y se les medirá su temperatura (si un visitante tiene una temperatura corporal superior a 37,5°C se denegará la entrada).

Horario de visitas todos los días: 8:45 - 10:00 (actualmente no disponible) ; 10:00 - 13:00; 13:00 - 15:00; 15:00 - 17:00

Horario de visitas el miércoles: 13:00 - 15:00; 15:00 - 17:00

Domingos: 15:00 - 17:00

No disponible en las festividades del Vaticano.

Duración: aproximadamente 1 hora
Idiomas: italiano, inglés, francés, español, alemán, chino

IMPORTANTE: para disfrutar del servicio de audioguía multilingüe es necesario descargar la aplicación “VOX CITY” y mostrar la confirmación de reserva con los códigos de acceso.

Mapa

El valor de la experiencia

Desde la Edad Media, un pueblo de peregrinos, primero de Europa y luego del resto del mundo, ha realizado un viaje más o menos largo para venir a rezar sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles.

Un viaje aventurero y a menudo peligroso, por caminos no siempre seguros.

Hoy, muchos otros medios de viaje estàn a disposiciòn de quienes vienen a Roma, pero el asombro del encuentro con esta Basílica es siempre el mismo.

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Creyentes y no creyentes se quedan sin palabras ante la belleza y la armonía emanadas de este lugar sagrado.

Aquì, los genios mas grandes de la arquitectura, la pintura y el arte de todos los tiempos han puesto todo su ingenio para hacer un coro  de alabanza a Dios y arrastrar a los visitantes a un pequeño paraìso en la tierra.

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Guía de la visita

La Basílica ofrece al visitante un recorrido riquìsimo de historia, arte y espiritualidad. Cada pequeñas piedras tiene algo que contar.

Y para conocerla toda, probablemente necesitaríamos semanas o incluso meses.

En función del tiempo que desee o pueda dedicar a su visita, quisiéramos ofrecerles algunos consejos

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Si solo dispone de una hora, recorra la nave principal hasta el Altar de la Confesión: aquí le esperan la Estatua de bronce de San Pedro, la Confessio de San Pedro, el Altar Papal y el Baldaquino de Bernini, la visión desde el interior de la majestuosa Cúpula y las 4 estatuas de los grandes pilares que las sustentan.

A continuación diríjase al Ábside para admirar la Cátedra de San Pedro y la Gloria del Espíritu Santo.

Seguidamente baje a visitar las Grutas Vaticanas, donde podrá ver el Nicho en cuyas proximidades se encuentra la tumba de San Pedro y las tumbas de otros muchos Pontífices.

De regreso, en una capilla cercana a la entrada, podrá admirar la Piedad de Miguel Ángel. Si dispone de algo más de tiempo, además del recorrido anterior le sugerimos visitar las capillas y los monumentos situados en las naves laterales de la Basílica, cargadas de arte y de historia.

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Lugares de interés

El Altar de la Confesión y la tumba de San Pedro

La Confessio es la piedra angular de esta iglesia: el lugar de la tumba de Pedro.

Aquí vienen a confesar su fe y recitar el “Credo” peregrinos y fieles de todo el mundo.

Delante del altar se abre una exedra delimitada por una balaustrada, donde queman permanentemente lámparas de bronce dorado como símbolos de la fe y del amor del pueblo cristiano.

Mirando hacia abajo, en el centro de la pared, una preciosa cancela dorada flanqueada por las estatuas de San Pedro y San Pablo, conduce al sacelio en el que se encuentra la tumba de San Pedro.

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Más arriba vemos el Altar Papal, en el cual solamente el Sumo Pontífice, o una persona delegada por él, pueden celebrar la Eucaristía.

Pero ahora dirigimos la mirada al baldaquino que cobija el altar.

Es una obra de gran belleza y audacia, realizada en 1624 por Gian Lorenzo Bernini por encargo del papa Urbano VIII Barberini.

El baldaquino tiene una altura de 28 metros y pesa treinta toneladas.

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La Piedad de Miguel Ángel

La Piedad de Miguel Ángel es una de las estatuas más conocidas y más valiosas del arte occidental. El maestro la esculpió cuando tenía poco más de veinte años y fue uno de sus primeros encargos en la corte del Papa.

No cabe duda de que este grupo sea obra de Miguel Ángel dado que, por primera y única vez en todas sus obras, esta es la única que lleva su firma.

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Para representar el tema de la Piedad, Miguel Ángel se inspiró, más que en la iconografía del medioevo y del renacimiento italiano, en la muy popularizada en los países del norte de Europa que representaba a la Virgen María con el rostro de una anciana con el cuerpo de Cristo recién descendido de la cruz en su regazo.

Miguel Ángel ofrece una interpretación totalmente nueva y sobrecogedora de este tema.

Muestra un aspecto muy joven de la Virgen María, distanciándose totalmente de la tradición que quería que María fuera representada a una edad avanzada.

Por el contrario, Cristo y María parecen tener la misma edad. María es representada en su juventud, a la edad en que concibió a Jesucristo. Esta elección de Miguel Ángel suscitó una gran conmoción en la época.

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La Cúpula

La Cúpula es como un Te Deum, un himno de agradecimiento a Dios y una prefiguración del Paraíso.

En una armoniosa secuencia de eslabones, se subsiguen los cuatro evangelistas, los patriarcas y los obispos. Jesucristo, rey y juez es flanqueado por la Virgen María, San Juan Bautista, San Pablo y los doce apóstoles.

En círculos concéntricos siguen los ángeles colocados según la jerarquía celeste, hasta llegar a los querubines y a los serafines, los más cercanos al trono de Dios.

Un último eslabón de estrellas doradas en un cielo azul, nos introduce en el ojo luminoso de la linterna, donde se encuentra Dios Padre.

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Cuatro pilares, de 45 metros de altura, son las sólidas bases en las que se apoya la enorme cúpula y en las que se asientan las naves y el transepto.

En su base, en enormes hornacinas, cuatro grandes estatuas conservan en su interior las reliquias más sagradas presentes en la Basílica Vaticana.

La estatua de San Longinos, el centurión romano que abrió el costado de Jesucristo, conserva partes de la lanza sagrada. La de Santa Elena, madre de Constantino, conserva partes de la Cruz de Cristo encontrada en el siglo IV en Jerusalén.

La de Santa Verónica protege el paño de lino con el que secó el rostro de Jesucristo camino del Calvario.

Y por último, la estatua de San Andrés, hermano de Pedro, que reúne algunas reliquias de la cruz en la que fue martirizado en Grecia.

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