La Cárcel Mamertina

El Tullianum es la cárcel más antigua de Roma, y durante muchos siglos fue la prisión de máxima seguridad para los enemigos de Roma en espera de su ejecución.

Conocida en la Edad Media con el nombre de Cárcel Mamertina, es el lugar donde, según la tradición, los Apóstoles Pedro y Pablo vivieron sus últimos días antes de ser martirizados.

Clivo Argentario

Precio

10,00 €

Duración

1 hora

Qué incluye

  • Entrada a la Cárcel Mamertina
  • Uso de un soporte multimedia en el idioma elegido (italiano, inglés y español)
  • Servicio y asistencia por parte de nuestro personal

Información de servicio y recepción

PUNTO DE ENCUENTRO

Carcer Tullianum, Via Clivo Argentario

INFORMACIÓN DE SERVICIO

Existe la posibilidad de reservar fecha y hora de la visita. El lugar está abierto todos los días con el siguiente calendario:

De lunes a domingo

8:30 - 16:30 (a partir del último domingo de octubre hasta el último sábado de marzo)

8:30 - 18:30 (a partir del último domingo de marzo hasta el último domingo de octubre)

 

La taquilla cierra una hora antes

El valor de la experiencia

Es un lugar único que recuerda la implacable justicia de Roma contra sus enemigos internos o externos.

Quien entraba en esta cárcel no salía vivo de ella.

Enemigos externos como Jugurta, rey de Numidia, primero aliado y después enemigo de Roma, y Vercingétorix, el rey de los Galos, derrotado por Julio César, acabaron aquí sus días.

También perdieron aquí la vida muchos romanos, como los partidarios de Catilina, el hombre que en torno a la mitad del siglo I a.C. intentó subvertir, sin conseguirlo, la República Romana y en particular el poder de la oligarquía senatorial.

Pero también fue el lugar donde la tradición cristiana recuerda los últimos días de los Santos Pedro y Pablo y de otros muchos mártires cristianos, considerados por su fe como enemigos del orden romano.

La visita a la Cárcel Mamertina es una experiencia inexcusable.

Lugares de interés

El Tullianum

Consiste en dos plantas superpuestas realizadas en las laderas meridionales de la Colina Capitolina, en las proximidades del Foro Romano.

El nivel de mayor profundidad, llamado Tullianum, es el más antiguo. De hecho se remonta al siglo VII a.C., y fue excavado en el cinturón amurallado de la época real que protegía la Colina Capitolina.

La segunda, en la planta superior, llamado Carcer, surge según los arqueólogos un siglo después, en el siglo VI, pero fue varias veces reformado durante el período republicano y a comienzos del impero, cuando se realizó, entre otras cosas, una gran fachada de mármol travertino que aumenta la visibilidad del lugar a los ojos de la ciudad.

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La situación de esta cárcel era estratégica. Situada a los pies de la Colina Capitolina y delante del Foro, centro de la vida pública, era un claro símbolo alegórico de la implacable justicia de Roma contra sus enemigos.

Aquí fueron encarcelados muchos personajes históricos que perdieron la vida por estrangulamiento o decapitación: basta recordar a Jugurta, rey de Numidia en el año 104 a.C. y a Vercingétorix, el rey de los Galos en el año 46 a.C.

Muchos historiadores romanos relatan el terror que suscitaba este lugar así como los terribles sufrimientos y humillaciones infringidas a aquellos que acababan aquí.

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La memoria de San Pedro y San Pablo

En los Hechos de los Beatos Apóstoles Pedro y Pablo se narra que, tras ser llevados a juicio ante Nerón, fueron encarcelados en espera de su condena.

Por su posición de indiscutibles figuras carismáticas de las comunidades cristianas de Roma, la tradición dice que fueron trasladados a esta cárcel.

Durante su estancia en la cárcel, los Apóstoles consiguieron convertir a sus carceleros Proceso y Martiniano y a otros compañeros presos.

Los dos apóstoles hicieron brotar milagrosamente un manantial de agua y los bautizaron.

En este lugar empezó su camino al martirio: Pedro al Circo de Nerón, en la zona de la Colina Vaticana, y Pablo a Aquea Salvia, en Via Laurentina.

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Cuando la cárcel perdió su función de reclusión, se convirtió en un lugar de fe: ambos emplazamientos fueron convertidos en capillas y empezó la devoción por los Apóstoles. Los estudiosos hablan de la transformación de la cárcel en iglesia (con el nombre de San Pedro en Cárcel) en el siglo IV por deseo del papa Silvestre I.

De otros documentos históricos se desprende que el Papa Pablo I (757-767) hizo reconstruir una iglesia consagrada a los Santos Pedro y Pablo en via Sacra.

Un fragmento de fresco que representa la mano de Dios bendicente flanqueada por la figura de un santo, todavía visible hoy en una pared del Tullianum, se remonta al siglo VIII.

La transformación en lugar de culto ha permitido que la Cárcel Mamertina (al igual que el Panteón) se mantenga intacta a lo largo de los siglos, sin sufrir el deterioro constatado en otros monumentos romanos.

En el siglo XVI se construyó encima de la cárcel una nueva iglesia consagrada a San José de los Carpinteros y una capilla dedicada al Santísimo Crucifijo, justo tocando al Carcer, que hoy permite descansar a los fieles en sus rezos.

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