La experiencia comienza en el Palacio de Letrán, donde una audioguía multilingüe les acompañará paso a paso a través de espacios llenos de historia, arte y significado espiritual.
El recorrido continuará después hacia las Catacumbas de San Sebastián, uno de los lugares más importantes de la memoria cristiana, donde el silencio y la profundidad de los espacios subterráneos se convierten en una oportunidad para la reflexión, la oración y el redescubrimiento de la esperanza.
Gracias a una innovadora audioguía multilingüe, podrán explorar con total autonomía este extraordinario complejo, descubriendo sus secretos, sus obras de arte y su profundo significado religioso.
Será posible descubrir las magníficas salas del Palacio de Letrán, decoradas con extraordinarias obras de arte, admirar los frescos que narran historias milenarias y sumergirse en la atmósfera única de este lugar sagrado e histórico. Un guía oficial les acompañará en el interior de las Catacumbas de San Sebastián: unas catacumbas que surgieron en una antigua cantera de puzolana, conocida originalmente como ad catacumbas (“junto a las cavidades”), término que con el tiempo se convirtió en sinónimo de cementerio subterráneo. Desde el siglo I, la zona fue utilizada intensamente: las galerías subterráneas fueron transformadas en sepulturas con nichos, mientras que en la superficie se construyeron columbarios y complejos residenciales decorados (la llamada villa pequeña y villa grande).
Palacio de Letrán
Visita guiada a las Catacumbas de San Sebastián
Información útil
Palacio de Letrán: Piazza San Giovanni in Laterano
Catacumbas de San Sebastián: Via Appia Antica, 136
El apartamento privado está compuesto por cuatro habitaciones decoradas de manera muy austera: comedor, dormitorio con baño, biblioteca, antesala y la Capilla. En sus estancias privadas, el Sumo Pontífice recuerda que es un humilde sacerdote, un servidor de Dios y de Su Iglesia.
El lugar donde se encuentra la Catacumba de San Sebastián era antiguamente una profunda depresión del terreno, utilizada como cantera de puzolana y conocida como ad catacumbas (“junto a las cavidades”), una denominación que con el tiempo se convirtió en sinónimo de cementerio subterráneo.
Desde el siglo I, el sitio fue intensamente utilizado y urbanizado: las galerías subterráneas fueron reutilizadas para crear sepulturas en nichos, mientras que en la superficie se construyeron varios columbarios y al menos dos complejos residenciales (la llamada villa pequeña y villa grande), decorados con notables pinturas murales. Hacia mediados del siglo II, el fondo de la depresión fue rellenado para crear una explanada, en uno de cuyos lados se construyeron sucesivamente tres mausoleos (los de Clodius Hermes, los Innocentiores y el de la Ascia).
Se realizó posteriormente un nuevo relleno del área para dar espacio a la construcción de la triclia, un pórtico delimitado por un muro sobre el cual se han identificado numerosas invocaciones grabadas dirigidas a los Santos Pedro y Pablo, venerados juntos en este lugar alrededor del año 250.
Más tarde, el emperador Constantino (306-337) mandó construir en el lugar una basílica con forma de circo romano (llamada “circiforme”). Mientras tanto, ya en el siglo III, comenzaba a desarrollarse en el subsuelo la catacumba que acogió las tumbas de los mártires Sebastián y Eutiquio.
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